Escribir sobre un dolor físico no es compartirlo, porque el dolor no cesa. Aún siendo conscientes que quejarse no sana, me quejo. Los dolores físicos aveces son tan dolorosos como los del alma. No miento, no exagero. Me quejo. Tomo un analgésico (tomo mil) y aún duele, aunque ya no siento. El cuerpo amenaza con explotar de un momento a otro y me lo imagino. Imaginar que mi cuerpo algún día se desplomará y se volverá inútil e impasible me tranquiliza el alma. Cuando un dolor físico carcome, la muerte en sí misma parece ser el paraíso. Lo imagino y exultante me despido de mi misma agradecida de mi propia muerte. Pero es ficción, como todo consuelo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario