jueves, 22 de noviembre de 2012

Notas

1.- 

Tiene un brillo discreto y huele bien, sus colores son marrón y tonos de marrón, también tiene llaveros de  plástico y prendedores verdes, en el papel su abrazo mide un kilómetro. Y un poquito más. En la esquina de  la hoja un grupo de  hormigas le dan servicio fúnebre a una cucaracha voladora. Voladora. Voladora. Vo la do ra. ( Descripción :  Ilustración de Veinte Kilómetros de abrazo. Publicación: 2024)

2.- 

Valiente como un pirata buscando su tesoro. No hay mapas, aunque yo los fui a buscar, encontré casualmente uno en la tirita amarrada a tu brazo. Saqué rápidamente el botín y regresé a casa cargando varios cofres de felicidad. Tú aún no lo sabías.

3.- 

Yo no cuento ovejas. Porque todas se fueron a estudiar letras a San Marcos y  yo me muero de envidia porque ellas duermen a las diez. Pero cuento los sonidos de las cavernas, cuento los poemas de la edad de oro y sus complicadísimos endecasílabos, entonces pienso qué suerte haber nacido en el sigloveinte , porque yo no sé rimar ni mis pestañas... y así, cuento y cuento para dormir, cuento los cuadritos del crucigrama y las circunstancias, las cuento y las repaso como a billete de  lotería, las cuento tanto que de pronto dan las doce y me doy cuenta que uno a esa hora ya no sabe si un caracol gigante es  un caracol gigante o es un cachito de manjar perdido.

4.-

Yo creo. Que para que te guste lo que escribo tienes primero que cocinar a fuego lento mis desvarios y remojar mis poemas en jugo de  melón. (O el jugo de fruta que más  te guste). Yo creo que para que te gusten mis poemas, primero, debes quererme mucho.  Escribo para que leas, para que a lo mejor algo que dije (con suerte!!) sea como una nube que te persiga y te acompañe por un rato. Postales de lluvia con sol.  Para tu bolsillo izquierdo.

5.-


(...)





jueves, 15 de noviembre de 2012

S e p r o h í b e s t a r t r i s t e


El sol desde un tranvía
     ve ponerse la ciudad

y tu recuerdas adioses
lejanos, como los ojos de los extranjeros

o los peluqueros de los cruceros

Llevas un  circo
en las  mejillas
y un acróbata en las cejas

en tus ojos cargas  un cine
que proyecta films internacionales
               donde el protagonista
toca timbres
destornillando los cerrojos
llenándonos de flores las carteras
y borrando todos los pronto de los aeropuertos
escasos 
como las gotas que caen 
en las  puntas de los paraguas
o los coches de alquiler
que conducen los ciclistas

Llegamos a una ciudad llena de vendedores ambulantes:
                      se  prohíbe estar triste
vendemos marinos con una sola ceja
que vinieron a cantar :  le cuesta tres monedas,
pero de usted también recibimos sonrisas

Se p r o h í b e s t a r t r i s t e

     y la alegría ronda como confeti 
la ciudad nos parece mejor
porque un policía pone papeletas de papel jabón
y el tráfico dibuja trenzas colgadas de los letreros
que llevan escritas las cinco estrofas de una canción

      como una postal del mundo
          en una ciudad sin distancia

El portero como yo, espera ansioso con su saquito de cuadros
tu nombre  lento lleno de  palomas
y sus ojos que usan largos pantalones
ven mi sueño cruzando los trasatlánticos

Mientras yo duermo tranquila en un pequeño rincón.


lunes, 12 de noviembre de 2012

Eres mi persona Favorita.

Eres 

mi voz favorita.
Mi disco Favorito.
Mi almohada 
Mi domingo 
Mi fin de semana
Mi tiempo favorito
Mi contacto favorito.
Mi llamada favorita.
Mi noche favorita.
Mi sorpresa favorita.
Mi forma de dormir favorita.
Mi ropa favorita.
Mis ojos favoritos.
Mis labios favoritos.
Tu cabello es  mi favorito.
Mi programa
Mi serie de tv
Mi película Favorita.
Mi ciudad favorita.
Mi noche
Aveces, mi  silencio favorito.








jueves, 8 de noviembre de 2012

Poema Cotidiano

Un poema que habla sobre el café que hierve a fuego lento en la  mañana, sobre el pan francés que como pensando en ti, pensando en luciérnagas también, porque mi cabeza es un batiburrillo de cosas. Un poema que habla sobre el canturreo de los pájaros, pero que no llega a ser un poema cursi, aunque también hable de mariposas y caballos de mar. Un poema que habla sobre las siete de la mañana y sobre lo intimidantes que son las madrugadas, sobre tu puerta y  tu reloj, sobre alguna camisa que te quede grande y se balancee con el viento, que hable sobre la moneda que llevas en el bolsillo. Que hable también sobre la pesadilla que tuve anoche, o que hable de cómo seria dar contigo la vuelta en bicicleta, el poema habla de ti, claro que habla de ti, y cómo es que cuando pienso en ti también pienso en guitarras, en canciones y en las siete letras de tu nombre. Habla de tu cumpleaños, de tus maletas, de tu shampo, de ti, claro que habla de ti. De la dulce ceremonia de verte, de la apacible colección de tardes y noches. También habla de mi disgusto por el vidrio, por eso quisiera que hable de madera, de muebles de  madera  y de alfombras, de cómo cuando digo la palabra chalina siento frío, también quisiera que hable de paredes blancas, de cajones desordenados, de zapatos de oficina, un poema que hable sobre un mototaxi desde donde alguien sopla burbujas, ¿te imaginas cómo quedaría la calle?, también habla sobre las cajas de regalo vacías que la  gente cuelga en los árboles por navidad, habla de la navidad, del elefante que compré hoy en el supermercado, habla del tenedor que cayó hoy bajo la  mesa, habla de la hora de la cena, de una  plancha malograda, de  un polo por zurcir, de la noche, habla de la hora de dormir, de mi agenda también habla, de la tinta azul, de las flores artificiales de la mesa, del techo de mi cuarto, de la ventana de la sala, del sol cuando parece una linterna con pila baja intentando colarse por tus persianas blancas, de ti, claro que habla de ti.

lunes, 5 de noviembre de 2012






Me gustan tus palabras
cuando saben a ropero viejo;
a madera que no se apolilla.



Memoria


Es la historia de una mujer, bien provista de abismos, de polvo, de uñas ultravioletas mordidas. Que aprendió a escribir historias de Cortazar, historias sobre bordados franceses y revistas de moda que aparecían en la casa de algún cronopio. Aprendió a leer el tarot de un españolito guapo que la llamaba tronca, que colocando sus dedos simulando una cámara de fotos le decía : sí, justo ahí te ves perfecta. Aprendió a sonreír para sus fotos ficticias y a doblar sus penas en taxis que iban por la Wilson y La Arequipa y también por el centro de Lima. Aprendió a ofrecer sus tardes de verano con poca destreza, pero con vehemencia sacada del drama de los diarios de un detective salvaje, joven, atormentado, poeta, enloquecido y chileno. Enloquecido como todos los poetas y salvaje como todo atormentado. Roberto se llamaba él y ella Costurera. Soñaba con tener un bar pequeño, pequeñísimo. Costurera amaba los lugares pequeños y las fotos vintage. El bar lo quería pequeño, un espacio que sólo baste para que descansen sus abismos, sus horas, su polvo, su romanticismo ultra violeta, sus zurcidos, sus fotos ficticias. Su baraja, su españolito guapo y por supuesto, su detective salvaje.



sábado, 3 de noviembre de 2012

Escribir sobre un dolor físico no es compartirlo, porque el dolor no cesa. Aún siendo conscientes que quejarse no sana, me quejo. Los dolores físicos aveces son tan dolorosos como los del alma. No miento, no exagero. Me quejo. Tomo un analgésico (tomo mil) y aún duele, aunque ya no siento. El cuerpo amenaza con explotar de  un momento a otro y me lo imagino. Imaginar que mi cuerpo algún día se desplomará y se volverá  inútil e impasible me tranquiliza el alma. Cuando un dolor físico carcome, la muerte en sí misma parece ser el paraíso. Lo imagino y exultante me despido de mi misma agradecida de mi propia muerte. Pero es ficción, como todo consuelo.