Hace años me enamoré de la palabra Caruso, fue una tarde primaveral, alegre y pretenciosa como la de hoy. Es cierto, hoy hizo frío.. y no es primavera, pero cuando te conocí tampoco. Siempre conozco gente y descubro cosas en invierno y llegan para quedarse, como aquel gato de pelo atigrado y carita de pena, o aquel señor que nunca se libra del denso espesor de su apellido- eso pasa aveces si te apellidas Olivetti o Ribeyro. Hoy por ejemplo las calles eran más grandes y mis pasos más cortos, yo le atribuyo tal hecho al invierno, sólo al medio día uno puede odiar al sol, como si en la ciudad brotara una leve sonrisa de un sencilla resignación, a tener las tardes, en estos días, un poco más grises y un poco más frías. El frío tampoco es mucho, sólo el suficiente para necesitar un abrigo, una bufanda, y a lo mejor un sol tibio a las cinco, o a las seis que es la hora en la que regresas a casa.
miércoles, 6 de julio de 2011
Mientras regresas a casa
Hace años me enamoré de la palabra Caruso, fue una tarde primaveral, alegre y pretenciosa como la de hoy. Es cierto, hoy hizo frío.. y no es primavera, pero cuando te conocí tampoco. Siempre conozco gente y descubro cosas en invierno y llegan para quedarse, como aquel gato de pelo atigrado y carita de pena, o aquel señor que nunca se libra del denso espesor de su apellido- eso pasa aveces si te apellidas Olivetti o Ribeyro. Hoy por ejemplo las calles eran más grandes y mis pasos más cortos, yo le atribuyo tal hecho al invierno, sólo al medio día uno puede odiar al sol, como si en la ciudad brotara una leve sonrisa de un sencilla resignación, a tener las tardes, en estos días, un poco más grises y un poco más frías. El frío tampoco es mucho, sólo el suficiente para necesitar un abrigo, una bufanda, y a lo mejor un sol tibio a las cinco, o a las seis que es la hora en la que regresas a casa.
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