domingo, 13 de junio de 2010

>Quizá

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Quizá deba soñar el lunes que viene con personajes filantrópicos que alzan sus brazitos al cielo y de pronto los atropella un auto, o quizá deba pintar de color amarillo las flores del centro, quizá deba soñar con mirlos y con las velas del barco, que no se atreve a zarpar. Lo siento, es que tengo los pies mojados con agua de lluvia, y tengo dos notas escritas en borrador para pasarlas a una postal que no tiene nombre, pero tampoco matasello. Tengo dos sonrisas en mente, una la cancelo pensando en la lluvia de aquí y la otra intento olvidarla poniéndole bolsitas de agua encima, sólo de agua, porque ya no gozo de lagrimales, me empiezo a asemejar un poco a mi, cuando extendía los brazos, a modo de dar un "abrazo", fue como abrazar a un fantasma y por ese abrazo me he quedado un poco sorda y frágil de abismos. Ya no tengo en mi bolso la letras de esa canción que ponía mis ojos tristes y emocionados, tengo a ca mbio "unos" ojos cóncavos clavados en la frente, pero el clima del tiempo me pronostica que los olvidaré con los días, empeñando por un par de pasteles la sensibilidad y la cordura, y comprando señales de tránsito y de prohibición y una tiza de color blanco, para pintar unos labios. Sólo por si me vuelven las ganas de besarlo.

sábado, 5 de junio de 2010

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I

Quería una vez que rieras
como mil peces
Quería que sonrías sin importarnos
saber
que somos como dos estatuas de arena
como dos alfileres
como dos fusiles apuntandose

A pesar de saber
que mis brazos aunque intenten
no te alcanzan
y que los tuyos no saben, no quieren
o no pueden
recibir lirios cortados,
quería que sonrieras

Quería que sintieras
como el pecho se puede llenar
de aguilas volando y de cielo

Quería que rieras lo más fuerte posible
tumbando el miedo al dolor
escapando de las guillotinas de ternura
de la tormenta de injusticia
y de lo confuso de la vida

Si algún dia logras hacerlo
en algun viejo campo de mi infancia
nacerán amapolas blancas.

II


En tardes como estas suelo morir un poco
suelo quitarme de los ojos, la luz y la costumbre
y de las manos las sonrisas felices
En tardes como estas
suelo llorar bajo un árbol
y quedarme dormida soñando
con corazones despiertos.

III

Aquella tarde soñé que aparecias en la antigua entrada
Aparecias con los ojos tristes
con gesto cansado, resignado y débil,
y tus siempre labios de fantasma.

Aquella tarde tenía un color excepcional
de infancia y de historias antiguas,
de tus manos brotaron hojas color sepia
y casi tus labios regalaron una sonrisa
cuando de mis brazos nacia un abrazo
que moría por las constumbres que estamos inventando

De pronto llovía y te veia correr entre mis parpados
te enredabas entre lo difuso de mi mente
y el olor a otoño de tu presencia
te acariciaba y eras el crujir de las hojas secas

Aún en el sueño estaban indefensos
aquellas flores recien recién cortadas
y aquellos violines blandos.


IV


Jugamos una vez en el verano del 89,
que éramos aves que no temían alejarse del nido
que aún, si nos comía un perro solitario
se construirian mares con las cenizas de nuestros pequeños huesos
y universos con nuestras alas y ojos negros.

V

Camino por las calles
que nunca hemos recorrido juntos.

El silencio se burla
de como imagino hablarte.

Y de regreso veo un niño
sentado bajo un árbol seco.


Un niño que llora por la muerte de los días.