martes, 30 de marzo de 2010

>Amarillo

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Se siente como viento fresco y son de color sepia sus palabras. Aveces son de amarillo prendido, pero también son de noche oscura. Mi voz quiere tener múltiples colores y quieren aprender a decir todo sobre nada. Quiero aprender a susurrar silencios bonitos que traigan hacia la ventana, ¡la luna! , con la intención de armar una fiesta con flores de color amarillo!,rojo! azul! con balcones!, y sol!

>Lunes

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Tengo este lunes insípido en una mano ... me hubiera gustado un abrazarte por diez segundos para seguir soñándote por un poco más de tiempo.

viernes, 19 de marzo de 2010

>...

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Yo soy una migajita de pan.
Una hormiga.
Un bichito pendiendo de un hilo.
Un nido jugando a ser fortaleza.
Un viento fresco de abanico.
Una pared, con adornos bonitos entre ladrillos.
Una consigna de márchate pronto pero quédate.
Pero quédate.

miércoles, 17 de marzo de 2010

>Al fin.

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Corre. Corre. Corre. Piensa. Piensa. Piensa. Dice. Los carros. La batalla del sueño. La realidad perpetua. La distancia imperfecta. El silencio aterrador. El silencio absurdo. El silencio incomodo.El silencio compasivo. El silencio eterno. Las voces presentes. Las voces pasadas. Las voces imaginarias. Las voces. Las frases cursis. Las frases sinceras. Las frases cursimente sinceras. Las frases sinceramente cursis. La frialdad. La llanura. El eriazo. El mundo. El sol sin tregua. La noche pedante. La tarde agonizante. Los pasos fatuos. Las palabras falsas. Los caminos extensos. Los caminos cortos. Los caminos en círculo. La rayuela de la vereda. La piedra sin motivo. La piedra precisa. El minuto decisivo. El agujero negro…Los siete motivos. Los siete motivos. Los siete motivos. Y para. Descanza…se sienta…en la banca del parque. Por fin siente su mente en blanco. Mira a su alrededor, se siente sólo, después de todo, por fin cae una lágrima...dos lágrimas, tres...cuatro...cinco...suspira, al fin y al cabo...aún tiene corazón.

domingo, 14 de marzo de 2010

>Del decir Adiós

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Allá va, vestido de plomo.

Se aleja dejando una sarta de palabras infinitas de rimbombantes acentos y extraños versos.

En sus bolsillos suenan un puñado de nombres, de gritos, de penas. En el reverso de su nuca una triste sonrisa y en su mano una maleta llena de nada. Un sin fin de afectos silban y cantan, lloran y truenan. Con cada paso que da, se hace más pequeña su espalda, más insonora su risa y más predecible la nada.

Nada que atesora bonitos momentos que pudieron ser recuerdos y nostalgia. Pero lucharon por seguir siendo sueños. Se va atesorando sus grandes pecados y su ingenua cobardía, sus silencios eternos y su orgullo, tambien el miedo. Una caja de música le suena en los oídos. Se marcha con ella, también. Se hace diminuto y se ensombrece por el horizonte. Ya es casi invisible.

Del otro lado del camino, quien observa cierra los ojos, pasa la saliva, respira profundo, enfunde lo dedos, los sujeta con fuerza, se muerde los labios, cae al piso...suelta el llanto, no puede más...y grita por fin con fuerza. No te vayas.

>Pájaros y lagartos.

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Querido Lagarto:
Por acá no ha dejado de llover en todo el verano, tanto así, que cuando cesa por unos minutos uno se dice: me hayo en el extranjero. En cierta medida es como viajar en el tiempo, si mi impresión no me falla, un solo encuentro basta para conservarte en mi memoria y dilatar el momento mientras cae la lluvia. Te cuento que cada gota cae sobre mi cuando camino por la calle, es una experiencia nueva, esta lluvia tiene personalidad, personalidad sensible, cae en pequeñas cantidades sin dejar de ser constante, no es un diluvio, no te alarmes, es sólo una lluvia que parece pasajera. Todo este verano así me ha parecido, aunque haya durado ya tres meses no puedo evitar sentir que es pasajera, se debe reír de mi todo el tiempo por eso, pero aún así juego con ella algunas mañanas. Tu imagen está presente casi todo el tiempo mientras lo hago, así que por extraño que te parezca, temo que si deja de llover tu rostro desaparezca, por eso e intentado dibujarte en las tazas de té, que dependen más de mi, que de la naturaleza, aún es un poco difícil pero estoy en eso. Porque me niego a creer que me engañé cuando al ver tu imagen aquella vez, pensé que sería inagotable en mi recuerdo. Aunque es cierto, las circunstancias han ensombrecido ese momento. Por eso de cuando en vez vuelvo a pisar tus hojas secas. Me pregunto si aún sigues riendo de aquella forma peculiar, lo siento, leer tus risas en un: "jaja"...no es suficiente, me hace falta escucharla. Me recuerda algo que leí alguna vez: "Las cartas son para fantasmas", quien lo escribió cuando lo hizo también se preguntó ingenuamente: "desfalleceremos?", y se respondió así mismo: "yo sí". Y es que hace falta que sólo uno desfallezca, para que la magia de las palabras desaparezca. En mi caso hace falta creer que hay alguien detrás de ellas. Todo este tiempo hemos hablado en silencio, la tecnología nos lo ha permitido, y yo me he preguntado por cuanto tiempo durará ese silencio, pero no te asustes,tampoco quiero que acabe, aún no es tiempo. Aun falta un minuto para las seis (tal vez siempre falte un minuto) y por acá, y sé que( porque ni nosotros ni nuestros pensamientos viven muy lejos) por allá también, sigue lloviendo. Me despido contándote, sin poderte dar una razón muy precisa, que cuando te escribo la lluvia parece satisfecha. Y yo un poco menos desierta.

jueves, 4 de marzo de 2010

>El entre.

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Diecinueve años recién cumplidos. Ese día lleva un cuaderno en las manos y un lapicero de tinta negra. Cada hoja del cuaderno está en blanco. Ella no se atrevió ni siquiera a llenar sus datos personales en las primeras hojas. Sabe que muchas cosas ahí serán escritas. Camina apurada por la vereda, una esquina, otra esquina,el autobús, su asiento al lado de la ventana, un alumno, una alumna, un ciego-el vigilante-,el restaurante universitario, el auditorio general, la facultad blanca, y casi por ultimo la vereda angosta. Mira su reloj y lleva de retraso veinte minutos. Se apresura. Su amiga la espera. Entra al laboratorio y ve unos ojos, una boca, una sonrisa, escucha una voz, horas mas tarde una risa. Y ve una pulsera que tiene grabadas letras ilegibles- no alcanza a leer- no puede, pero tampoco pregunta. Calla. Calla. Calla. Milochocientosveintitres días después, su cuaderno tiene algunas líneas mal trazadas, camina apurada, tiene que dormir; no hay vereda angosta, ya no hay vigilante ciego, no hay alumnos, no hay alumnas, no entra a ningún laboratorio, pero descubre con frecuencia los mismos ojos, las misma boca, escucha la misma voz y minutos después la misma risa que le escuece hasta el alma, porque la risa se escucha pero no se escucha. El lapicero no tiene tinta. Las agujas del reloj se mueven de forma extraña, caminan pero no avanzan.