sábado, 30 de enero de 2010
>La Dulce Vida
domingo, 17 de enero de 2010
>El asombro
Ante la absorta mirada de todos, se levantó (una vez más el pobrecito); dio unos pasos y sin tener que explicar nada a nadie, al verlo no respirar, todo mundo entendió que la FELICIDAD para él, no era algo que le resultara insoportable como a los demás, y no tuvo que justificar el porqué o el cómo podía,aún, levantar las manos al cielo y caminar, extender los labios un poco y sonreír, sin pulmones para respirar, sin labios para reír. Lo que importaba era que algo en el pecho aún hacia un tic tac parecido al reloj, rompiendo el silencio que causó el asombro.
miércoles, 13 de enero de 2010
lunes, 11 de enero de 2010
>Sencillo
-Hola
-Afrontemos juntos el mayor reto de la vida
- Yo estoy llena de místicos y extraños oídos sordos
-Entonces no vuelvas a darme tu mano
- Yo estoy llena de manos
- Y yo creo que me estas escuchando
- A veces lo hago
- Pero no me entiendes
- Te entiendo. Te entiendo, como entiendo al viento cuando viene fresco o cuando el fauno baila lento. Cuando me hablan los colores de las paredes y las puedo escuchar sólo viendo.
- Soy yo el que no entiende.
- Y yo soy la sorda que te escucha, que quiere tomar tu mano cuando la ciudad esté anochecida, calmar tus llantos y callar tus voces, desmontando el atormentado día.
- A veces también siento que te entiendo.
Vamos, dale, cojamos las zapatillas.
lunes, 4 de enero de 2010
>Desde entonces...fuimos como piedritas.
Quisimos estar juntas un día. Ella porque tenía el pelo muy largo y yo porque tenía las piernas muy cortas. Cómo yo tenía las piernas cortas, no podía caminar muy lejos y esperaba a que la niña de pelo largo toque siempre a mi puerta. Ella, venía y juntas hicimos historia. Tenía yo, un piyama rosado, un edredón floreado, una muñeca cara y una muñeca floja. Tenía ella, un short rojoanaranjadoblaquizco, las piernas muy blancas y las mejillas rojas. Jugábamos a la carta, al menú del día, a rayar la repisa y a escondernos de nosotras mismas. Cuando pasaron los años y yo tenía ya, las piernas más largas y ella el cabello más corto, jugábamos a leernos las líneas de las manos. Nos atinaba de maravilla leernos el pasado: Tú llamabas con un silbidito y yo corría apurada. Tú te marchabas en la moto y yo miraba por la ventana. Tú tenías una muñeca que me causaba miedo y la arrojaste por el tejado. Tú te enamoraste primero, pero yo di antes el primer beso. Tu naciste un veinticinco de febrero y yo un cuatro de enero. Sí. Se nos daba bien adivinar el pasado, lo hacíamos de maravilla. Pero también nos leíamos el futuro. No lo hacíamos bien. Nadie lo hace muy bien. Pero con el presente sí, contándonos todo. Hoy es cuatro de enero y le he dicho Feliz cumpleaños, le he dado un abrazo, y he llorado, porque aún estoy triste, por algo que sólo ella entiende. Aunque desde hace ya un tiempo sólo me hable su silencio, cuando me acuerdo de ella me miro las manos.
Fotografía: Bill Brand