Le dolía en el alma, la soledad del vidrio. Prefería la madera con cierto olor a roble. Le dolía en el oído la frialdad del teléfono y en los ojos, la arrogancia de las paredes. Pero limpiaba el vidrio con extremo cuidado. Pagaba con puntualidad el recibo del teléfono. Y todos los años pintaba las paredes.
4 comentarios:
>Que intrigantes me resultan siempre tus palabras. Tan intrigantes como interesantes.
>y esperaba año biciesto para verlo
>Yo esperaba mes de febrero para verla
>Yo las tardes.
Publicar un comentario