lunes, 5 de noviembre de 2012

Memoria


Es la historia de una mujer, bien provista de abismos, de polvo, de uñas ultravioletas mordidas. Que aprendió a escribir historias de Cortazar, historias sobre bordados franceses y revistas de moda que aparecían en la casa de algún cronopio. Aprendió a leer el tarot de un españolito guapo que la llamaba tronca, que colocando sus dedos simulando una cámara de fotos le decía : sí, justo ahí te ves perfecta. Aprendió a sonreír para sus fotos ficticias y a doblar sus penas en taxis que iban por la Wilson y La Arequipa y también por el centro de Lima. Aprendió a ofrecer sus tardes de verano con poca destreza, pero con vehemencia sacada del drama de los diarios de un detective salvaje, joven, atormentado, poeta, enloquecido y chileno. Enloquecido como todos los poetas y salvaje como todo atormentado. Roberto se llamaba él y ella Costurera. Soñaba con tener un bar pequeño, pequeñísimo. Costurera amaba los lugares pequeños y las fotos vintage. El bar lo quería pequeño, un espacio que sólo baste para que descansen sus abismos, sus horas, su polvo, su romanticismo ultra violeta, sus zurcidos, sus fotos ficticias. Su baraja, su españolito guapo y por supuesto, su detective salvaje.



No hay comentarios: