miércoles, 12 de mayo de 2010

>Le monde

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-Pese a miles de caídas desde los precipicios más altos, pese a las imprecisas palabras de un presente en montaña rusa, y el total desahucio de ayeres, aquí estoy, y aquí debe ser algún lugar se decía. Tenía un deber aquella noche, pero que ganas de fenecer en la primera caída a la almohada, en el primer parpadeo y en el segundo pensamiento, porque el primero ya no tenía remedio. Y se dice entonces así misma, maldito remedio. Amargo y espantoso, tiene esos colores de los colorantes vencidos. Es cuando se mira al espejo y escribe con el lápiz labial rojo pasión, hace poco había descubierto cual era el verdadero rojo pasión, no el carmesí, ni el rojo vino, ni el rojo centella, ni el rojo ocre, ni el rojo...en fin, ella, ya lo sabía. Y por eso se había vuelto su preferido para pintarrajear las paredes, los espejos y los bordes de la cama, todo ese tiempo que su voz había callado. Escribe entonces : Yace aquí la victima que ha robado, la ladrona de los pecados, la que ha abierto bares cerca a su corazón, la que tiene listo el cuchillo y tiene la mente fija que ya apuñala. Yace aquí la que no se atreve, porque sus ojos reclaman. Porqué se tiene que apuñalar a alguien mientras otro también nos apuñala. Es el capricho de los dioses, esto ya no lo escribía, lo pensaba. Entonces miró todas sus paredes y todos sus espejos, cuanta tontería escrita con lápiz labial. Entonces entona un bonito llanto, de esos discretos que se lloran cuando ya se ha llorando mil veces. Esos llantos que tatúan una arruga en el ojo, sólo de pena. Se limpió la lágrima del ojo. Cogió el teléfono , con todas las ganas de encontrar una estancia vacía al otro lado de la línea, pero le respondieron mucho más pronto de lo que creyó. Entonces con voz decidida, pronunció la frase de los escaparates: Tenemos que hablar. Cuando colgó el teléfono se regaló culpas y un par de balazos que no hicieron nada en un pecho hueco. Se recostó por fín en la almohada preguntándose si es así como se siente un asesino. Respiró habiendo descubierto un poco más el mundo, y sabiendo resignada que algún día alguien, también, la vendría a matar.

2 comentarios:

Gabriel Cruz dijo...

>Caray magita, siempre me encantan tus textos, tan ricos en detalles que te permiten conocer a profundidad a un personaje y las circunstancias que le rodean ¡qué padre!

Manuel dijo...

>wow, excelente, qué más puedo decir.Y sí, me confieso: he matado también.