El sol se filtra curioso por las ventanas y tiene nombre de mujer. Desnuda y fría ilumina tristemente el suelo, ese suelo también helado y Doménica espera que ya todo se ponga oscuro creyendo que ha dejado de amar. De amarlo. Pero le dice te Amo. Y funciona bien. Pero se viven extraños los domingos y las tripas se le encogen. No es feliz. Aquello podría ser sólo el frio de las ventanas o el frio de la estación. Pero las tripas de Doménica suben hasta el pecho y luego descansan en su cuello, adentro, produciéndole un nudo y otro nudo y más nudos indesatables, pero extrañamente se sujeta de ellos para no caer, para no caer llorando. Y los nudos de su garganta tienen sólida consistencia, pero le duelen ahí en la voz. A unos pasos ya de noche, Doménica se acerca a su oreja y le dice te amo, y es lo más desolador porque se lo ha dicho llorando, él la ha mirado y tampoco pudo contener las lágrimas.
Fotografia: Imogen Cunningham
5 comentarios:
>Manya
>bueno iba a decir que me gustó mucho este relato, me conmovio mucho.
>Me ha entrado un sentimiento de nostalgia, y la imagen ha colaborado mucho a sentirle ese sabor a tus palabras :(
>Es que yo también me sentí triste al escribirlo.Pero siempre se puede bailar :)
>Es peor decir "Te Amo"y solo escuchar un triste silenciocomo respuesta...
Publicar un comentario