En el armario trasero permanece, como guardián, su traje usado, aquel cuadriculado, ridículo y cautivante. Todo lo demás alrededor permanece vacío. Y la ausencia ha llenado de modo inofensivo y dulce los bolsillos del agrietado saco. Permanece ausente y presente el traje antiguo, en los momentos que Remendra abre la puerta, con cierto temor y nostalgia. Algunas noches ella no ha conseguido dormir y se revela la culpa del armario semivacío y de los cuadriculados cautivantes del traje antiguo que yace tranquilo, inconsciente y ridículo. Es que en otros tiempos Remendra habría sido capaz de hilvanar cuatro o cinco palabritas y luego regalarle sus oídos, para que a cambio el traje se vista de un rostro, de una boca, de unas manos… En otros tiempos. Ahora Remendra por las noches recuerda, recuerda, también ha intentado hilvanar más de cinco palabras entonándolas un poco más alto y lo ha conseguido, pero no ha conseguido encontrar más oídos. El traje sigue Vacío. Desecho el canje, el traje es sólo un traje.
Imagen: Grafiti Bansky
4 comentarios:
>Hermos texto, me gustó.Saludos!!
>Muy bonito CronopiaC.
>Mientras leía comencé por volar lejos de aquí, de mi asiento!
>como yo...!!!
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