viernes, 25 de septiembre de 2009

>Había

>
Había olvidado todas las palabras que aun siguen enredadas como madeja en algún lugar de tu universo y el mío. Había olvidado que tenemos pendiente un café, un disco y un libro. Había olvidado que tengo una lista interminable de preguntas sin respuestas. Había olvidado tu imagen opaca, gris y solitaria, extrañamente cautivadora y enigmática. Había olvidado lo que perdimos. Había olvidado que ambos tenemos memoria y que ambos conservamos un pedazo sin unir. Había olvidado de tertulias infinitas y la monotonía ensordecedora. Había olvidado las cosas que leí. Había olvidado que te hice sufrir. Sufriste por mí. Sufrí por ti. Un par de palabras ordinarias unidas en un momento preciso pueden desatar un recuerdo vano y quebrantar la inocencia de una partida y de un adiós. Remover los sentimientos que parecen mezclarse y confundirse en un grito atascado en el estomago y violar cada espacio lejano y ya perdido. Vuelves con esta historia incompleta – sin saberlo- y he recordado que sigo siendo la misma que cree que todo tiene solución como un empecinado héroe, pero en estos segundos de frialdad y holocausto, creo que la vida es imperfecta y que cualquier salto de mi corazón es sólo un inocente y tonto sueño.

1 comentario:

vaL dijo...

>Esas historias con un final abierto, que nos dejan un gusto a hiel en la boca con el renacer de cada recuerdo, esos puntos suspensivos a los cuáles les prosiguen más palabras, más idas y vueltas...y jamás un punto final, esa página escrita a medias...esa eterna incompletud.