Y se fue al traste aquella su teoría que se empeñaba en asegurar que los pies de María estarían pegados siempre a la tierra. Empeñado en afirmar que aquellos bultos sobre su espalda que se reafirmaban, cada que alguna palabra nacida con esfuerzo, iba a parar como cualquier vestigio inconforme al cesto de la ropa sucia; eran sólo asimétricas protuberancias. Cuando aquellas formas extrañas en su espalda detonaron en un embrollo de plumas espeluznantes que despedazaron la cordura y el techo; María sobre aquel desconcertante suceso de verse no solo transformada en una gigantesca ave, sino de poseer la cualidad de despegarse del piso, emprendió el necesario esfuerzo de probar sus nuevas extremidades, y tras un torpe aleteo se adiestró de manera inmediata en la asombrosa habilidad de los pájaros, estallando sus alas en un asombroso y milagroso vuelo.

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