Drelo tiene nombre de gato y los ojos negros. Pero cuando los mira frente al sol dice que son marrones. Lee libros para no dormir. Tiene dos nubes, un sol y una estrella que lo siguen todo el tiempo. Le gustan los panes con mantequilla, las canciones de The smiths y el vino agrio cuando hace frío. No fuma cigarro. Pero le hace creer a todo el mundo que fuma marihuana. Llora poco, pero cuando lo hace procura hacerlo los domingos y fiestas de guardar. Que es cuando se encuentra sólo.
Un día me confesó sus pocas ganas de vivir. Pero seguido de eso me confesó sus pocas ganas de morir. "Estoy sentado en este mueble, con un libro de Baudelaire, con un diccionario de significados y con tu mirada que no juzga, mañana puede que me atreva a morir, pero no podría morir frente a ti, no me perdonaría perderme disfrutar la tarde". Sabía que hablaba en serio. Hasta cuando Drelo dice algo que no tiene ningun sentido, habla en serio. Sus más grandes sueños, son volar y aprender a quedarse callado. Lo extraño es que si él calla no hablaríamos nunca. Mis sí y mis no, combinan muy bien con sus cuatromildocientoscincuentaintres palabras por minuto. Entiende a la perfección lo que no me desgasto por decir. Y sabe que mi presencia lejana acompañando su soledad no se debe a que de cuando en vez alguna palabra suya me tranquilize o que su sonrisa de claqué me sirva para escribir versos de mediodía. Hay más. Ya han pasado algunos años desde que odie su forma de llamar la atención y adoré su voz grave. Después de adorar su voz grave me enamoré de las pinturas en acrílico que niega haber pintado. Lo negó mientras pintaba su ultimo cuadro. Drelo sonríe con su nostalgia de bon vin, haciendo que sin darme cuenta le regale mi emoción de ladrillo. Él, es un chico extraño, tiene en sus ojos la tristeza y en su sonrisa infantil la vida. Sufre de una fobia extraña a los boletos vencidos de autobuses, aviones o trenes. Aún recuerdo aquella conversación en la que le dije que me gustaban los taxis de Chiclayo y que en realidad era uno solo que se paseaba por toda la ciudad, por eso si alguna vez nos perdemos de vista sólo nos hará falta poner un mensaje en el parabrisas. El también sabe que cuando llueve las calles me parecen más pequeñas. Por eso siempre que llueve tiene el presentimiento que llegaré a su casa con el paraguas azul que tengo reservado para un día en que la lluvia no sea mucha, ni poca. Tal vez una llovizna entrando al invierno. Ahora Drelo ya debe estar durmiendo. O talvez debe estar leyendo algún libro. Tal vez mira hacia su ventana esperando que baje de algún taxi. Tal vez sólo se está preguntando porque aún no ha encontrado ninguna nota mía en el taxi que lo lleva a diario al trabajo. Mientras yo estoy aquí un poco más cerca de todo, silvando una canción de Marisa Monte esperando que llueva.
2 comentarios:
>Magita, qué bonita historia y qué agradable personaje el de Drelo, mágico y lleno de todos esos detalles que le dan una personalidad increíble a un individuo, y ni qué decir de los detalles que describes de ti, entiendo que hay mucho de ficción y ello le da mayor magia al asunto. Muy bonita historia.Te envío un fuerte abrazo ;)
>Es cierto, hay algo de ficción, nosé silbar.
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