Seguía en aquel espacio entre el irse y quedarse. No se había marchado, pero ya pensaba en volver, mientras tanto seguía quieta esperando que llueva. Esperando ha que se inunde el techo, esperando encontrarse algún paraguas tirado en el suelo o que se moje hasta la última hebra de su cabello. Pero el momento seguía quieto y su cabello seco. No quería marcharse y tampoco volver. No quería decir adiós pero tampoco quería decir "pronto volveré". Quería esconder la cabeza, como la tortuga, sólo hasta que sus piernas y sus manos dejen de temblar, benditas piernas y benditas manos. Hasta que empiece a llover o salga el sol, hasta que el mundo salga de su trance asfixiante, entre lerdo y nublado, cual desperdiciado esperpento, y empiece una vez más la nueva cuenta del tiempo. Bendito momento. Sin despedidas ni movimientos temblorosos, sólo con un café, un brandy o un caramelo.
Fotografía: Robert Doisneau
5 comentarios:
>Me maravilló este blog, es "mágico".
>Los anónimos también.
>Cuántas veces habré sentido eso..."Sin despedidas ni movimientos temblorosos, sólo con un café, un brandy o un caramelo", divina frase :)
>Marcharse es moverse, a pocas personas les gusta moverse, porque eso implica dejar atrás cosas."Las despedidas siempre duelen, aun cuando haga tiempo que se ansíen".
>Pero no es necesario estar ausente para haberse marchado, ni estar presente para haberse quedado.Ni un "adiós" para despedirse,ni un "hola" para saludarse.
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