Podría estar aquí toda la vida contando los pájaros que calleron intentando entrar, contando y sumando tus notas de buen alumno. Contando las veces que cambiaste a Neruda por Kafka y a Cerati por Valera, las veces que entraste en la multitud y te perdiste. Las veces que optaste por el orgullo y callaste. Callaste. Las veces que escogiste tapar tus penas y susurrar sólo antes de dormir ‘al menos tengo trabajo’.
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