Decidió que sería músico. Todavía no se lo ha contado a nadie. En el interior del departamento cientocuatro se escucha un sonido zigzagueante de un lapiz contra la mesa situada al lado de la cama, y a la izquierda de todo está él, golpeando cada vez más fuerte el lápiz contra la mesa. No se lo ha dicho nadie. ¿Se convertiría, quizás, en todos los locos de este mundo si así lo hiciera?. Se reirían, lo dejarían sólo y moriría rodeado de ausencia, sin las sonrisas infantiles y benevolentes de ahora. Pero igual lo hará. No se quedará en casa frente a esos horribles programas de concursos, en los que los televidentes a veces adivinan alguna palabra de una gran sopa de letras y nunca ganan nada. Se los dirá, les confesará que a sus ochentaytres años será músico y que moriría siéndolo, que lo será sobre todo, cuando aprenda a tocar algún instrumento.
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