domingo, 3 de abril de 2011

Roberto Bolaño



Soñé que era domingo por la tarde y hacia frío, Roberto Bolaño tocaba a la puerta de mi casa y mientras me miraba me recitaba los Perros Románticos:

"En aquel tiempo yo tenía veinte años
y estaba loco.
Había perdido un país
pero había ganado un sueño.
Y si tenía ese sueño
lo demás no importaba.
Ni trabajar ni rezar
ni estudiar en la madrugada
junto a los perros románticos.
Y el sueño vivía en el espacio de mi espíritu.
Una habitación de madera,
en penumbras,
en uno de los pulmones del trópico.
Y a veces me volvía dentro de mí
y visitaba el sueño: estatua eternizada
en pensamientos líquidos,
un gusano blanco retorciéndose
en el amor.
Un amor desbocado.
Un sueño dentro de otro sueño.
Y la pesadilla me decía: crecerás.
Dejarás atrás las imágenes del dolor y del laberinto
y olvidarás.
Pero en aquel tiempo crecer hubiera sido un crimen.
Estoy aquí, dije, con los perros románticos
Y aquí me voy a quedar…" 



Su rostro estaba hecho de vapor desvaneciéndose pero sus palabras eran bloques de cemento que nunca dejarán de existir. Aun terminado el sueño.

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